VIVE OTRA VIDA…. LEE ESTA HISTORIA

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Con el pasar del tiempo se inició una gran amistad que poco a poco se convirtió en amor. Nuestra primera cita fue dos meses después de nuestra conversación formal. Fuimos a comer altas de pollo con papas fritas y pizza. Pasamos un momentos agradable. Luego de eso dimos varias vueltas por las tiendas hasta que recibió un mensaje de su padre en el que le pedía que le llevara comida. Se detuvo a comprar lo que su padre le había pedido y me llevó hasta su casa.

Cuando llegamos le entregamos la comida y nos sentamos a ver televisión. Yo me sentía extraña en un lugar ajeno, pero me siguió importunado hasta que acepté que me mostrara su habitación. En la intimidad de su cuarto me enseñó sus libros, sus recuerdos de cuando estaba en la escuela superior y varias cosas más.

 

Estábamos sentados en el borde de su cama y sentí el deseo por robarle un beso. Me levanté de la cama y mi mente corría a la velocidad de la luz mientras algo me decía: no lo hagas, pero mi corazón pudo más que mi mente y me senté en su falda y lo besé. Fue un beso apasionado en el que nuestras lenguas bailaban un tango. Durante ese largo beso él se comenzó excitar y me levantó en el aire, me acostó en la cama y me empezó a besar y a tocar.

Nunca ningún hombre me había hecho sentir así, pero lo detuve porque no quería llegar más lejos en la primera cita, después de todo este hombre me interesaba para más que una noche.

Ese beso marco el inicio de una larga relación. Éramos el uno para el otro. Él decía que yo era su Baticabeza, él para mí era mi Roban, mi Bajaron, mi primer amor.

Como nada es perfecto las situaciones comenzaron a surgir. Mi madre se interpuso en nuestra relación porque a ella no le gustaba la idea de que su hija saliera con un hombre tres años mayor que ella y con el pelo largo, pero lo terminó aceptando luego de una mala decisión de mi parte.

Luego de eso él comenzó a venir a mi casa más seguido. Mis hermanos lo adoraban y yo pues me sentía locamente enamorada de mi “hombre perfecto”. Este hombre era tan perfecto que me hacía sentir que algo no estaba bien. Desde pequeña he cargado con cinco condiciones médicas; una de ella es epilepsia. Para poder controlar mis convulsiones tengo que tomar un medicamento que provoca des balances químicos en mi cuerpo y se reflejan en mi ansiedad, y por lo general termino peleando con todos a mi alrededor. Mi familia está acostumbrada a mis cambios de humor y han aprendido a amarme así y a lidiar con la situación que está fuera de nuestras manos. Para él era algo nuevo; yo sabía que lo estaba lastimando, que lo hería con mi coraje, pero no sabía cómo lograr controlar lo incontrolable.

Un día decidí leer un libro de auto ayuda: El Desafío del Amor, lo había visto en una película cristiana y decidí durante cuarenta días hacer lo que me decía el libro, pero todo me salía mal. Él no veía mi esfuerzo, no le importó y me dejó. Le pedí que me dejara terminar el libro, quería completar los doce días que me quedaban, pero él ya había tomado su decisión y me lo hizo ver el día que recogió sus cosas.

Este ha sido el segundo golpe más fuerte que he recibido de una persona. El primero vino de mi padre; me abandonó cuando supo que estaba enferma, él me lo dijo de una forma clara y directa.

Cuando vi a este nuevo hombre de mis sueños, en quien puse mi confianza, bajarse del carro con su pelo cortado se me partió el alma. Mi familia quería que el se lo recortara, pero yo le dije que si se lo cortaba nuestra relación terminaría. Ese momentos, esa mirada de desconcierto la sigo teniendo grabada. Él pensó que con cortarse el pelo, drástica mente yo dejaría de amarlo, pero no fue así. El dolor sigue en mi corazón como una herida reciente.

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Traté de comunicarme con él después de ese día, pero me eliminó de su cuenta de Facebook. Me sacó de su vida completamente, como si no hubiera pasado nada entre nosotros.

Han pasado tres meses y casi no salgo de mi casa. Siempre sonrió ante los demás, pero cuando llego a la soledad de mi habitación, esa sonrisa se desvanece y comienzan las lágrimas, comienza el dolor, comienzan los recuerdos y las pesadillas. He dejado de comer, he bajado mucho de peso, y mi pelo ha comenzado a caerse. Le he pedido a Dios que me ayude a recuperar lo que perdí, que me dé una nueva oportunidad de hacer las cosas bien y su contestación fue: en la vida todo vuelve.

Sé que le fallé, sé que lo lastima por no saber controlar mis trastornos de ansiedad, sé que me di cuenta tarde, pero soy un ser humano, soy una persona que comete errores. Él me enseñó a amar, pero no me enseñó a olvidar y a dejar ir. Me muero por besarle, por decirle que perdone a esta testaruda, pero ya es tarde y no quiere perdonarme.

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